SOFÍA Y LA BRUJA DE LAS LETRAS

  Hace mucho tiempo, en un lejano reino, nació una hermosa princesa llamada Sofía. Usaba unos diminutos anteojos para ver mejor las flores y las nubes, y le gustaba correr por los prados junto a su perro Aragón en busca de bichitos y, si tenía suerte, ver alguna vez un hada.

  Un día, Sofía comenzó a seguir una mariposa y, sin darse cuenta, se adentró en lo más oscuro del bosque. Aragón, que con su intuición de perro presintió el peligro, la tiraba del vestido para que vuelvan. “Sólo quiero echar un vistazo” le dijo la niña. De pronto, de una cortina de humo apareció la bruja Clamydofila, una espantosa hechicera muy temida por los padres del reino:“¿Qué haces en mis dominios, pequeña niña?” preguntó la bruja. “Busco hadas, ¿eres una de ellas?” preguntó la princesita. “Oh, no, qué locuras dices niña. Yo soy una bruja. Y de las peores. ¿Le temes a las brujas?” preguntó la malvada. “No le temo a nada” respondió Sofía, valiente como siempre. “Ya lo veremos” dijo la bruja, y lanzó un poderoso hechizo sobre la princesa:

“Escucha atentamente
pequeña princesa:
tendrás mi maldición
por no temerme, traviesa.
De mi hechizo
nadie detendrá el avance.
Cuando quieras leer un cuento:
¡Con las letras tendrás percance!”. 

  Dicho esto la bruja despareció, y Sofía cayó desmayada. Su madre salió a buscarla y en cuanto la encontró la llevó rápidamente al doctor del reino, quien dijo a la Reina que no había ningún remedio para la terrible maldición de Clamydofila.

  Cuando Sofía comenzó a ir a la escuela de princesas, todo le pareció maravilloso. Pero con el correr de los días, notó que algo raro pasaba: Le explicó a su mamá que a pesar de poner su mayor empeño en ello, no lograba aprender a leer. “Todos mis compañeritos pueden, pero yo no” dijo muy triste. Su mamá recordó el hechizo y aunque día y noche trataba de enseñar a leer a Sofía y la llevó a muchos magos en busca de auxilio, la pequeña no entendía las letras.

  Una tarde, Aragón ladraba muy inquieto. “¡Qué te pasa, perro travieso!” exclamó la reina, y junto a Sofía lo siguieron hasta el río. Un poderoso temblor sacudió en el lugar y ante el asombro de ambas, del río comenzó a elevarse un bellísimo castillo de cristal. De la puerta, colgaba un letrero que decía: "Biblioteca de Las Hadas". Un puente levadizo bajó hasta ellas, y rápidamente el perrito entró. “¡Aragón, vuelve!” gritó la reina, pero el can no obedeció. “¿Y si vamos a buscarlo?" exclamó Sofía, emocionada ante lo desconocido. Una vez dentro, una hermosa hada voló hasta ella. La princesita no podía hablar del asombro: “Bienvenidas. Sabemos del hechizo de la malvada Clamydofila; no se preocupen. Nuestra magia las ayudará” dijo el hada y soplando un polvo dorado en la nariz de la pequeñita, pronunció un conjuro mágico:

“Escucha atentamente,
pequeña princesa:
En 6 meses la maldición
será una linda sorpresa.
Con este libro mágico
aprenderás a leer,
¡Historias de mil cuentos
vas a aprender!"

  El hada hizo aparecer un libro mágico que en la portada tenía el dibujo de una niña y un niño leyendo. Llevó a la Reina y a la princesita hasta un enorme salón repleto de libros, donde tres hadas las esperaban: “Nuestros nombres son Caperucita, Rapunzel, y Alicia" dijeron, haciendo una reverencia, "somos Las Hadas de la biblioteca, y te ayudaremos para que, en 6 meses, la maldición se transforme en linda sorpresa. ¡Manos a la obra!” dijeron, y ¡puf! hicieron aparecer cuadernos, lápices de colores, y muchos libros de cuentos. 

  Durante 6 meses la princesita fue todos los días a la biblioteca, incluso si no tenía muchas ganas iba, repasando una y otra vez el libro mágico con constancia y siempre acompañada de las pacientes haditas. Y una mañana, mientras corría cerca del río, vio que una botella de cristal flotaba en él. Con ayuda de Aragón la rescató, y se dio cuenta que dentro había un papel. Con curiosidad lo sacó; estaba escrito con letras de hada: “Promesa cumplida. Linda sorpresa” leyó Sofía. Pero, ¿cómo? Ah, claro: Ese día, Sofía al fin había aprendido a leer.