LEYENDA

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I

La niebla se desliza entre los árboles grises; donde mires, fantasmas y silencios aparecen, y se desdibujan en el vapor blanquecino, frío. La piel se ha vuelto muy blanca, como muerta: Es la luz pálida de la luna que llega…

Algo pasa en mi cabeza entonces: Hilos brillantes forman nuevos puentes hacia mis ojos, mi nariz, mi lengua… Puedo escuchar hasta los latidos del pequeño corazón de esa rata; y me apetece. Huelo. Todo lo huelo. Ahora lo entiendo: La noche huele a sangre, y no puedo dejar de respirarla. A mis pies, el pasto húmedo de afuera. ¿Qué hago aquí? Siento cómo mis pupilas se dilatan más y más, hasta ver todo y todos los miedos cubiertos de pelo gris. Estoy temblando…

¡Una pesadilla, eso ha de ser! Mis rodillas me duelen hasta lo insoportable. ¡Se están girando! ¡No puedo mantenerme en pie! Debo ayudarme con los brazos, y correr.

Una dama perdida; he oído sus pasos.
Su olor… ¡Dios, su olor está volviéndome loco! Debió correr mucho: Los latidos de su corazón forman un eco insoportable. La encontraré. No hay obstáculos para un cuadrúpedo en cacería; un cuadrúpedo de leyenda.

La presa: Se abren de nuevo mis pupilas. Está enfocada, separada de todo lo que no sea ella. La tela; su vestido es un obstáculo. Tengo que desgarrarlo.

No percibo qué es lo que dice en sus gritos; no me son del todo entendibles. Tal vez me llama. Me llama a esos labios llenos de sangre, rojos, calientes. Tengo muchas papilas gustativas que se retuercen por probarlos. Debo tenerlos en mi lengua.

He perdido el control. ¡Quiero poseerla, olerla, llenar mi pelaje de su sudor, mezclarme con su cabello, arrancar con mis colmillos sus pezones y su pecho! ¡No puedo controlarlo! Siento cómo estallan en mi garganta litros y litros de sangre. ¡Tengo de nuevo venas enredadas en mis dientes! Puedo oír mis caninos haciendo incisiones sucesivas en el tejido de su cuello, de su vientre, ¡de su cuerpo entero! No basta el sudor. ¡Quiero el calor de su sangre sobre mí, llenándome la boca! ¡Qué pasión endemoniada es esta! La luna, ¡debe irse!

La luna debe irse.


II

Tengo que huir. Ellos no entienden. Puedo oírlos: Pronto estarán aquí. Debo correr. Sus antorchas iluminan demasiado; más que mi luna de luz pálida. Seguirán mi rastro, lo sé. Sus perros están adiestrados para destrozarme. Y sus caballos… Ni mis cuatro extremidades conocen la montaña como los cascos de sus caballos. Tendré que comerme sus patas.

Ellos no entienden. No pueden oler la noche. Manada de bípedos que no conocen el sabor de la pasión, que mueren por devorar a su presa, pero pueden más sus buenos modales y sus pantalones.

Puedo verlos: Estoy perdiendo velocidad. ¡Qué me pasa! Mis rodillas me duelen hasta lo insoportable. ¡Se están girando! ¡No puedo sostenerme en cuatro patas, y me levanto sin quererlo! Todo está oscuro… Todo tiene el mismo olor. No distingo nada. Hace frío; estoy temblando. Tengo que correr. No puedo oír bien desde qué dirección se acercan. ¡Me quemarán, me quemarán! Debo quitarme esta sangre de la piel, y este tejido de entre mis dientes: Ocultar el olor a carne que me llena el aliento.

Voy a esconderme. Esconderme y esperar la llegada de la próxima luna y, con ella, el aroma de otra dama incauta que no crea en leyendas.

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

LA SANGRE DE TU LOBO ME INTRIGA, CREO QUE ES UN ALTER EGO, CREO QUE ES MUÑOZ SOLTANDO SUS INSTINTOS, DEJANDOLOS QUE VAGEN POR LA LLANURA, CREO QUE ERES TU HACIENDO LO QUE NO HARIAS DE DIA, CREO QUE SIGUES SIENDO UN CARNIVORO QUE NO DEJA DE PENSAR EN LA MALDITA SANGRE, ESO ES UNA CONTRADICCION, PERO ESO MISMO ES LO QUE TE ENALTECE, LUCHAR CONTRA ALGO TAN FUERTE COMO EL LOBO INTERNO...Y GANARLE, ES PODEROSO Y RESPETABLE...........ESO.-

'A-DHÁM dijo...

Gracias por tu comentario. Siempre te lo he dicho: Eres muy perspicaz.