La Ciudad de los extraños temblores.

Se llamaba así, aunque nunca había temblado. La gente no sabía qué era aquello, y jamás habían oído de un terremoto, o cosa alguna que se le pareciera. Pero esa noche, tembló.
¿Qué cómo pudo ser? Nadie lo sabe. Eva estaba en el patio de la casa, con su madre. Picaban porotos para dejarlos listos para el día siguiente, sobre una mesa. Las legumbres iban a parar a un plato, y las cáscaras, a otro. Una ampolleta tenue, cuya luz era devorada por la oscuridad circundante, iluminaba a las cocineras.

Al interior de la casa, Adán jugaba con su pequeño hijo sobre la cama. Jugaban a que unas feroces hienas querían devorar a un cachorro de león, y el león macho, su padre, luchaba con los animalejos para que ello no ocurriera. Y de pronto tembló. Un temblor muy fuerte, de unos 6.7° Richter. Y se cortó la luz. En plena oscuridad, Eva apretó la mano de su madre, y Adán abrazó a su pequeño. A los pocos minutos de pasado el brusco movimiento, volvió la luz, aunque con muy baja potencia: Apenas lo suficiente para no chocar con las cosas. De inmediato Eva se dirigió al interior de la casa a ver a su familia, y Adán fue hasta el patio para ver que su suegra y su esposa estuviesen bien. Pero algo pasó. Eva entró a la casa, y no había rastro de Adán, ni de su hijo. Y cuando Adán llegó al patio, no había rastro de su suegra o de su esposa. Ambos cruzaron la misma puerta que da al patio, casi al mismo tiempo, pero ya no podían verse. Algún efecto del temblor, tal vez.

Muy asustado, Adán volvió junto a su hijo, y Eva junto a su madre. El corazón le latía muy rápido. “¿Todo bien?” pregunto la madre de Eva. “¿Y mi mamá?” preguntó el hijo de ambos. Adán y Eva no sabían qué responder. ¿Dónde estaba el resto de su familia? “Continuemos en lo que estábamos, mejor” dijeron al unísono ambos, sin poder oírse uno al otro. Eva continuó junto a su madre picando porotos, y Adán siguió jugando con su pequeño. De pronto, la madre de Eva fue halada hacia debajo de la mesa violentamente, y al interior de la casa, el hijo de Adán fue arrastrado con fuerza bajo la cama.

Adán y Eva se quedaron en silencio, sin atreverse a mirar bajo la mesa, o la cama. Una ampolleta tenue, cuya luz era devorada por la oscuridad circundante, iluminaba a los amantes que quedaron atrapados en dos realidades diferentes, tras el temblor en La Ciudad de los extraños temblores.

2 comentarios:

Pamela Poblete Quiroz dijo...

Es bueno llevar la realidad con tema de actualidad a la magia de poder descubrir mas historias, excelente!......

'A-DHÁM dijo...

Gracias por tu comentario. Tus escritos está muy bueno también http://thecacerola.blogspot.com/