Farmacéutica

¿Respirar? Nadie puede dejar de hacerlo. El que deja de respirar… Muere. Y nadie quiere morir. Yo conozco ese sentimiento, ese terror morboso a agonizar, y cesar. Pero no basta conocerlo. Hay que saber manejarlo. Y en eso, yo soy una artífice.


No me mires así, como si fuera una psicópata. ¿No es el amor acaso el que mueve a sanar? ¿No es incalculable, por cierto, el valor de la vida de tu hijo? ¿De tu madre? ¿Tu vida misma...?


Amor en ampollas. Eso es lo mío. Amor comprimido, en gramajes. Amor con sabor a frutilla, en centímetros cúbicos, e inyectable. Amor mezclado. Y manipulado.


¿Notas mis mejillas? Rosadas, tiernas, como las de un bebé sanito. Y mi piel… Suave, tersa, hermosa. Envidiable. Y comprable.


Nadie quiere a un enfermo. “¡Hazte a un lado!” le dicen. Nadie los visita; están inmundos de demonios microscópicos que existen sólo para infectar, y para destruir la salud. No, nadie quiere estar mal de salud.


¿Notas mis mejillas? Claras, rosadas, tiernas, como las de un bebé sanito. No grises como las de tu pequeño que se contagió algún virus por ahí. ¿Te gustaría que las de él tomaran color también? Puedo ver la ansiedad fluyendo por las venas de tu cuello, por las de tus manos. Quieres una solución al sufrimiento. Ya estamos hablando en términos afines. Porque ese es mi negocio, mi estimada humanidad: Solucionar el sufrimiento.


Ese contagio, ese mal repentino que hizo tambalear tu estable rutina, activó toda mi red para que finalmente llegaras a mí, como la mosca a la araña. Te hablaré con franqueza. Si ahora estamos cara a cara, es porque ya te paseaste por anuncios como “Nos preocupamos por su salud”, “Comprometidos por un país sano”, o “llénate de salud”. Entonces sí entiendes cuando te digo “Llegaste a mí como la mosca a la araña”. La enfermedad, el dolor, la visita al doctor… Todo cumple el orden que yo he establecido. El prólogo de mi fortuna se escribe en tu receta. ¿Conoces el modus operandi de los vilipendiados narcotraficantes? “La primera es gratis”. Yo les enseñé, ja,ja,ja, con mi generoso sistema de muestras médicas. Es efectivo ¿o te cabe alguna duda? Claro que no. Por algo tú necesitas de mí, y no yo de ti.


A los que yo voy, es a mi querido cuerpo médico. Soy un travestido con maletín, que me tiendo en su mesa esterilizada, y les enciendo la ambición. Ellos vienen a mí, como toro que va al degüello; pero soy yo quien se sacia. Soy yo quien les eyacula en las entrañas frasquitos para que sean engendrados por sus manos limpias de uñas cortas, escribiendo el medicamento justo para tu enfermedad.


Me visto también de caballero, por supuesto; honorable y serio, como es necesario para hacer negocios con los respetables bancos. ¿O cómo crees que ellos tejen sus intrincados “evaluadores de riesgo” a la hora de venderte un seguro de salud? ¿Cómo adivinan las preexistencias? Tú formas parte de mis bases de datos. Cada vez que compras, o se te expende una receta; te estoy reclutando para formar parte de mi ejército de información, que envío a una guerra que sé que perderán, al campo de batallas ensangrentado de las pólizas y deducibles. A cambio de revelar tus dolencias tú recibes medicina; yo, dinero. Y no sólo el tuyo, como puedes ver.


Si de verdad yo “remediara” las enfermedades, estaría perdida. ¿Imaginas a todos sanos? ¿Un mundo sin enfermedades? ¡Una verdadera pesadilla para mí y mis accionistas! Por eso, lo que hoy te vacunaré, viene rotulado como “remedio para…”. Pero es mentira. Necesito alimentar con padecimientos e incertidumbres este bebé deforme que he dado a luz, pero que tantas satisfacciones me ha dado; Sí, lo conoces ya de hace tiempo. “Enfermedad” es su nombre. Él al menos, te ha estado observando…


La enfermedad, el dolor, la visita al doctor… Ya te hablé de mi red de acción, pero… ¿Y si no hay enfermedad? ¿Y si la que hay, no la conozco? ¡No quisiera ni pensar que no encuentres el remedio apropiado para tu enfermedad! Porque es eso lo que me preocupa, tu $alud.


¿Y si no hay enfermedad? Descuida, ya solucioné ese molesto inconveniente. Siempre la habrá. Con los mismos laboratorios que fabrico la cura, fabrico la enfermedad. ¿O cómo piensas que conozco los componentes y las dosis exactas para fabricar el antídoto? Porque conozco a perfección la enfermedad. Una respuesta simple, ahora que te la he dicho, ¿verdad?


Al inicio de tu visita te hablé de respirar. Y ese es mi nuevo trono; mi reino. Conquisté el aire. Esparzo mis creaciones como un perfume malévolo, invisible en cada bocanada de aire que respiras. ¿O acaso tú puedes evitar un resfrío, una gripe, un estornudo? ¿Puedes? No puedes… Pero descuida; siempre tendré sucursales cerca para venderte la medicina apropiada. No debes temer. Nadie puede dejar de respirar. El que deja de respirar… Muere. Y nadie quiere morir. Yo conozco ese sentimiento, ese terror morboso a agonizar, y cesar. Pero no basta con conocerlo. Hay que saber manejarlo. Y en eso, yo soy una artífice.


Puede que no crea todo lo que leyó. Ante cualquier duda, consulte con su farmacéutica.

2 comentarios:

Cesar dijo...

Lo que una vez crearon se volvera contra ellos y no podran curarse asi mismos. Y lamentaran el dia de haber creado la cura inexiste de una enfermedad imaginaria

'A-DHÁM dijo...

Y es así amigo, ya lo estamos viviendo, en los dos meses que van de este año, han ocurrido cambios asombrosos que no habían pasado en los últimos 30 años