LA LLORONA

Prueba un beso.
Uno perdido, lejos del hogar.
El comienzo del amor eterno;
lo que La Llorona ambiciona.

No; No vayas a despedirte.
Escúchame llorar...
Sigue mi voz...
Y nunca volverás.
Nunca volverás.

Caderas perfectas hay
para ti y tu pasión.
Leñador incauto,
embrujado por el viento.

Y oscuridad aterradoramente grande
te perderá en el monte.
Habrás escuchado del Diablo:
La Llorona lo perdió.

"Espero por ti"

No, amado. No es el fin.
No para mí.

Mis lágrimas serán las de ella,
que esperará junto a la puerta tu regreso.
El horror de La Llorona:
Amor, en mi rostro la verás llorar cada noche,
esperando junto a la puerta.
La verás envejecer entre sollozos, y más.
¡Sálvame, amado! ¡Sálvame!
¡Estos gusanos me quieren comer los ojos!
¡Soy yo, tu esposa! ¡No huyas!
El monte es mío...


Ven, querido.
Ven a pasear solo entre los árboles.
¡Hay de mí, y mis lágrimas!

Hay de ti, y tu pasión.
Mi piel te embruja, y guía;
es del color de la luz de la luna.
Mi llanto se hace canto para ti; no te asombres. Yo les enseñé a cantar a las sirenas.
Ven, amado. Embriágate de mí, que el monte se embriagará de ti.

Y se teje en el cerro la leyenda
de una bruja que te atrapa en un abrazo por la espalda,
cubriendo tus ojos, susurrando a tu oído el sollozo más dulce que hayas oído nunca. ¡Y su belleza! No era horrible, como decían. Parece hecha de la luz de la luna que se cuela entre la copa de los árboles.
Pero hay quienes dicen que te atrapa por los pies, y nunca más vuelves…

“No los atrapo; los planto. El monte está lleno de leñadores perdidos. Pero los árboles no hablan; sólo murmuran. Si podéis oír el susurro triste de esos árboles, es que podéis oírme. Ya no puedes volver a ella. Mi llanto cambia la posición de las piedras, el curso de los esteros, y hasta el orden de las estrellas. Este monte ya no es el tuyo, leñador. Es mío.
“¡Devuélvanme a mi amado!” dirá tu esposa, adentrándose en el monte, hasta perderse. Creerá oír un murmullo en las cortezas, y al no encontrarte como alguna vez te amó, enloquecerá. Y vagará, errante. Llorando. Y así yo perpetúo mi lamento por la eternidad. Yo, La Llorona.

2 comentarios:

cesar dijo...

Un clasico, puedes sentir ese miedo en la piel, digno para un cortometraje de mitos y legendas chilenas.

'A-DHÁM dijo...

Sí amigo, un cortometraje le quedaría muy bien, gracias por tu comentario.