CORAZÓN NEGRO

Sean ustedes malditos,
gente de corazón negro.
Que el viento quite sus alas,
y vayan sobre su vientre, contra el polvo.
No formen sus manos que dan pavor
fruto de hambre y horror.
No vuelvan a abrirse sus labios,
y que en el abismo de su boca
perezcan los espíritus que asustan.
Y que ahora su mirada se nuble
con las nubes más oscuras
de la época de lluvia.
Que no vean más a sus víctimas temblar,
o a sus crías morir.
Que el fuego que escapa de su instinto asesino
queme sus brazos, no los nuestros.
Que se revienten con igual ira en vuestro rostro
las quemaduras que su venida ha dejado.
Pido a las raíces más antiguas
que cuando vuestros cuerpos gordos vuelvan al suelo,
enreden su alma con la fuerza de mil años,
y que el gusano tan despreciado
se convierta en vuestro señor.
Tengo lágrimas para atestiguar por nuestro pueblo,
que no sabe usar palabras como vuestros defensores.
Y heridas en muñecas y tobillos para ganar la libertad;
no jueces que no saben de sangre.
¿Creéis que el mar y el cielo serán por siempre mudos?
¿Qué nunca la sal secará vuestra garganta mala,
o que jamás un relámpago atrapará vuestra alma,
y la devolverá al suelo cuando queráis ascender?
Nuestros ojos se esconden entre hojas y cortezas.
Nuestras mujeres sólo bailan cuando hay luna y silencio.
Ustedes se llevaron nuestras casas, y también el día.
¡Callen, hombres de historias fantasmales!
La mañana ha tomado su lugar.
Se liberan las voces de los que perecieron en el monte.
Vienen a prisa con redes para atrapar vuestros sueños,
y lanzas para atravesar vuestro orgullo.
Hace ya mucho recogéis lo que sembrasteis en nuestra tierra,
que arrebatasteis con engaño y lengua como de culebra.
Pero alzáis fruto amargo,
cosecha de ira y engaño,
y la tierra ya no os produce semilla de esperanza.
¿Qué sembrareis ahora para tus hijos…?
Ha llegado el séptimo ciclo lunar,
el momento que ha sido firmemente establecido para juzgar al viviente.
Se devuelve a vuestra mano el horror y el temblar de noche,
el engaño por la luz del día que matasteis,
para que con todos ellos deis de comer a tus hijos,
y sufráis por todo aquello a lo que le tenéis cariño.
Ha sido vuestra propia mano la que ha dado la señal de inicio
para apresurar vuestro final,
y son vuestros pies mismos
los que corren a destrucción.
No sigáis inventando monstruos invisibles
que consumen vuestra sangre,
y pudren vuestros intestinos mismos.
No sigáis pidiendo montañas de oro
a cambio de un puñado de vida.
No sea que un día, de noche,
caigáis vos mismo en la trampa que tendisteis como cerco a vuestra casa,
y el lazo ruinoso que vuestras manos tejieron en secreto
termine asfixiando tu garganta.
Infórmame cuando el orgullo deje de calzar tus pasos,
y se vaya como el aliento en el invierno.
Di cuándo detendrás esta máquina infernal
a la que parecéis acostumbrado.
Sólo entonces volverán tus oídos a ser destapados,
y oirás el canto de las aves que anuncian la lluvia.
Caerá de tus ojos el velo de humo gris
que no permite que sigáis tu dirección.
Y en tu pecho arderá la vida,
y nunca más darás tus latidos
a un corazón negro.

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