PRISMA DE VIDA

Un llamado venido desde la luna, que se ocultaba tras las nubes hoy, cuando me levanté de madrugada. Habían pasado muchos años de estar dormido en mi madriguera de hojas de soledad. Y hoy estoy aquí, emocionado y consternado: pasó por mi ventana la chica de mis sueños, abriendo de par en par mis ojos, permitiendo la entrada de la brisa fresca de su figura y su risa a la casa de mi alma. El sol de su mirada apareció tras la montaña, iluminando todo con su color nuevo. En un pensamiento me cuelo a su vestido, y de esa tela liviana que parece de pétalos primaverales me regala un par de alas, y las asegura bien con dos besos en mi espalda.
            ¡Este es el amor del que hablaban los muchachos y los poetas! Este es el amor-poema con el que cada estación besa y bendice los brotes nuevos, y los impulsa al cielo. Este es el amor que vibra en las cuerdas de la guitarra, del violín, o en las teclas del piano cuando un enamorado repleto de ilusión la contagia al instrumento, que canta seguro y sin temblor en la voz.
            Fui corriendo al mar, y con una zambullida le conté que encontré a la chica de mis sueños, que nado en su cuerpo, y que me dejo enredar por las algas de sus cabellos marinos. Que paseando por la playa encuentro su pecho de caracolas marinas, que cubro con mis manos, como un niño que encuentra un tesoro y sabe que le ha pertenecido desde siempre, desde antes de encontrarlo, desde antes de que las caracolas formaran su espiral.
            Ella es el rocío que riega mi desierto, que se convierte en lluvia intensa cuando me ama, y hace florecer el milagro al norte de mi razón.
            Campanas de cataratas anuncian nuestra unión, fructífera como panal de miel, aquella dulce miel que me llena la boca y el espíritu de tan solo pensar en sus besos.
            Dicen que cuando tu chica aparece el tiempo cobra sentido en la ecuación de tu vida. Que los lunares de tu cuerpo y el de ella forman las constelaciones a las que todos los románticos de las civilizaciones pasadas compusieron cantos y odas. Que la lluvia y los pies se vuelven un milagro, y que las nubes, cuando nadie las mira, forman el rostro de los hijos que ambos fecundarán.
            Un altar a su piel, a su silueta que adorna las paredes de mi mundo. Mi razón para creer que se puede volar cuando me lleva de la mano hasta el precipicio del amor, y mirando abajo me dice: “Muchos amantes no se han atrevido”. Y nos lanzamos, con las manos entrelazadas. Pero confío. Confío como nunca, y volamos…
            Hoy abrazo a mi chica, mi razón para volar.
            ¿Puedes oír al Amazonas susurrando de su belleza? Sus caderas adornadas de delfines y del perfume de los avellanos en flor.
            Ahora vamos cantando y pregonando nuestro amor a las raíces y a los ríos. Nuestros pies acarician el prado como mis manos su cintura, y ella, el monte y yo somos un solo ser grandioso de amor y leyendas de pasión.

            Estoy lleno de imágenes que alivian y llenan de alegría. Y en medio tú, mi prisma de vida.  

No hay comentarios: