LAS ÁNIMAS

¡Hay, mi querida!
Se me perdió tu tumba,
se me perdió tu tumba.

Y tus ojos azulitos
son el cielo que ahora añoro.
Son el cielo que ahora añoro.

Por ti no guardé luto,
pero me he ido secando,
pero me he ido secando.

No estuve en tu velorio;
¡Es que no me avisaron!
¡Es que no me dejaron!

Preguntaron mis abrazos;
No cantas pa’ un encuentro.
¡Hay que negro este silencio!

Miguita de pan fresco,
ahora serás árbol,
ahora serás árbol.

Que cría mariposas
y pajaritos muertos.
Y pajaritos muertos.

Tal vez jardín florido
que nunca he visitado;
que tanto he imaginado.

¿Qué entiendes tú por vuelo?
La cría de un pitío,
o aquel brillo en el cielo.

¡Que sepa yo de duelo,
pa’ no angustiarme tanto,
pa’ no angustiarme tanto!

Que en todo este quebranto
no tengo más añoro
que verte, mi tesoro.

Aún fuese en piel de piedra
de lápida inmutable,
de lápida inmutable.

¡Qué mal inconsolable!
Se me perdió tu tumba,
se me perdió tu tumba.

Pa’ ti fue breve el vuelo.
La muerte que no entiendo…
La muerte que no entiendo.

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