Corriendo hacia El Cielo (César D. Kaiser)

No tengo memoria de cómo pasó, tampoco de cómo llegue acá,

sólo algo sucedió en alguna parte del tiempo que viví feliz,

sólo desperté y al levantar la cabeza sólo nubes cubren la habitación.

Respirando algo de mi verdadera humanidad.

Sentado en el purgatorio y esperando mí turno para el juicio final.

Entonces, una sensación de no sé que, empieza a apoderarse de mi alma,

algo muy poderoso que no puedo apartar de mi mente,

ese pensamiento que todos llevamos, pero nadie quiere decir,

y lo pienso:”Aun no quiero ir al infierno”.

Comienzo a correr por un pasillo transparente,

en donde las paredes están hechas de esas impenetrables nubes,

con muchas puertas blancas, con muchos nombres.

Entonces las alarmas comienzan a sonar, y una voz de fondo

que dice: “Fugitivo escapando por el pasillo doble siete”.

Sólo quiero oler el jazmín al amanecer.

Sólo quiero volver a nadar libremente en el mar.

Sólo quiero la oportunidad de verte una última vez.

Por eso debo seguir corriendo hacia el cielo,

con los ángeles pisándome los talones, diciéndome que me detenga.

Mi interior me dice que debo buscar una mujer, que siga avanzando,

que en la siguiente esquina debo girar a la derecha.

Y de frente un pasillo sin salida, miro y no hay escape.

Me pregunto si mi corazón y mi alma me engañaron.

Siento el batir rápido de las alas de los ángeles

que se acercan cada vez más para capturarme,

Miro hacia arriba y una puerta dorada con una manilla blanca,

tallada con la palabra “Cielo” en color celeste,

pero está muy alta para alcanzarla y me percato de mi humanidad.

Sólo quiero ver el amanecer en Los Andes,

sólo quiero ver el atardecer junto a ti,

sólo quiero la oportunidad de verte una última vez.

Por eso debo seguir corriendo hacia el cielo.

Triste y Arrodillado sin hacer nada,

siento un dolor en mi espalda y de la nada,

tenía alas rodeándome, como las de un ave; no,

al tocarlas son suaves como la seda y comprendo, eran alas de ángel.

Sin dudarlo salte y flotaba como ellos.

Fui a la puerta y gire la manilla, la puerta se abrió y escapé.

Del otro lado muchas personas caminando por campos verdes

llenos de flores de todo tipo junto a una laguna inmensa y muy azul;

sentía en mi corazón que ella estaba aquí y a lo lejos la diviso.

Al pie de una cascada inversa, mirando hacia arriba, perdida.

Solo quiero sentir tu cabello negro azabache una vez más,

sólo quiero mirar tus ojos negros como el infinito,

sólo quiero la oportunidad de verte una última vez.

Por eso debo seguir corriendo hacia el cielo.

Gracias al viento que está a mi favor, volé rápidamente hacia ella.

Cuando llegué a su lado, con mi mano toqué su hombro;

descendió su mirada del infinito, y volteó para verme;

mi corazón casi sale de mi pecho cuando vi su rostro,

ni siquiera lo pensamos, nos abrazamos fuertemente.

Nuestros pensamientos se cruzaron como una gran luz,

en ese momento sentí a lo lejos una explosión,

era la puerta dorada por donde venia,

que los ángeles habían volado de cuajo.

Me volví a asustar, la abracé más fuerte,

comenzamos a cruzar volando rápidamente a la laguna,

pero había cientos de ángeles rodeándonos,

que nos cercaron en un santiamén.

Ella se suelta y me sorprendo al ver sus alas hechas de luz,

me besó en la boca y me dijo: “Nunca irás al infierno”.

Y se elevó al espacio oscuro y como un cometa desapareció.

Los ángeles me capturan y me llevan para que espere mi turno nuevamente.

No hay comentarios: