Requiem de vida (César D. Kaiser)

Esta historia comienza hace mucho, mucho tiempo atrás, cuando no existía nada en la tierra, era sólo un yermo sin vida, sólo un espacio desierto, un instante en el tiempo donde nada sucedía. Pero, en ese momento de inmutabilidad absoluta, un Hada, la más hermosa que puedas imaginar, que con sólo mirarla el impacto de su belleza te dejaría ciego e inmóvil y caerías arrodillado a sus pies de su magnificencia, bajó desde algún rincón de esa infinita bóveda oscura de espacio y evocó una gran explosión, donde con una gran exhalación de su interior invocó un enorme haz de luz similar a un rayo que descendió de ese firmamento negro perpetuo, que dividió el cielo de la tierra. En ese momento de división, ella descendió suave y sublime; entonces al tocar la tierra con sus divinos pies, un estruendo indómito sacudió la tierra y de forma inmediata comenzaron a brotar los árboles, flores y frutos silvestres; la tierra desde ese instante se volvió verde. El Hada dirigió su mirada hacia el cielo, al hacerlo, vio que sólo era humo y cenizas. En ese momento, con una suave mirada de terciopelo guiñó los ojos y poco a poco fue amainando el humo con las cenizas y el azul empezó a aparecer, un cielo cobalto que llama a la tranquilidad y al sosiego. Luego de eso, desde sus labios dirigió su vaho con un aroma a lirio que te hipnotiza, con esto llenó de atmósfera y clima a la tierra. A continuación, dos lágrimas brotaron de sus ojos hacia la tierra y en un instante las aguas brotaron desde lo más profundo del orbe creando el mar. Entonces la Hada pensó que hacía falta algo más. En virtud de eso, con sus labios de amatista, besó cálidamente la tierra, el mar y el cielo, con eso, la vida empezó a nacer, los seres comenzaron a salir mágicamente y así empezaron a llenar el mundo, en el cielo las aves cantaban, en la tierra las bestias rugían y en el mar los peces danzaban. El Hada muy feliz de lo creado, sintió que todavía faltaba algo, entonces, extendió su mano y con el pulgar rasgó su índice haciendo una pequeña herida, en ese instante, la sangre cayó en medio de la tierra y nació una criatura similar al Hada. Luego, de uno de los ojos del Hada, rodó una lágrima parecida a la de un cristal y cayó sobre la criatura similar al Hada; con esto, ella lo vistió de seda, un aura divina recorría su cuerpo, el Hada lo tomó y lo dejó a cargo de los seres vivos que había creado, entonces ella dijo a los animales:

  • Cuiden de este ser, porque será uno más de ustedes.

En ese momento, el Hada desplegó sus bellas alas, voló hacia el cielo cobalto y llegando al oscuro océano del universo y estando en lo más alto pensó.

  • A ti– apuntando al bebé - te llamaré Dios.

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