GRANDES ESPERANZAS

  El hombre de la muleta se apoyó en ella, se levantó, y le dio el asiento a la embarazada. Ella agradeció con una sonrisa, tomó del brazo a su madre que la acompañaba a la última ecografía, y le cedió el asiento. El niño de casi 9 meses, que nacerá ciego por un problema que descubrirán en el control de hoy,  saltó de alegría en el vientre al oír todo aquello, y se dijo: “¡Entre qué maravillosa gente me tocará nacer!”.  

1 comentario:

Cesar D. Kaiser dijo...

Genial, muy buen escrito.